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viernes, 30 de junio de 2017

La clasificación tradicional de los verbos según su comportamiento sintáctico se ha enriquecido y ensanchado.  Dicho enriquecimiento proviene, en gran medida, de reconocer el uso particular que aportan los hablantes, porque cada hablante, al usar la lengua, interpreta una realidad y aporta una visión de mundo.  

Desde ese punto de vista, parte IraideIbarretxe Antuaño:

El lenguaje no refleja hechos basados en un mundo objetivista exterior, totalmente independiente de lo que las personas observan, sino que refleja estructuras conceptuales que la gente construye basándose en una experiencia y conocimiento, más o menos común, del mundo exterior que les rodea y de su propia cultura. Por eso, el pensar que la relación entre las formas lingüísticas y los conceptos que representan es arbitraria, como tradicionalmente se proponía, no es totalmente cierto.

El uso particular que cada usuario de la lengua hace, basado en la experiencia y concomimiento, se refleja en los llamados verbosde percepción. Dichos verbos poseen la característica de reflejar cómo se percibe la realidad a través de los sentidos. José María García Miguel destaca la importancia del contexto[1] en el uso de los verbos de percepción.

Pues bien, todas las características que poseen extralingüísticamente las distintas percepciones sensoriales (si la percepción se puede controlar o no, si el estímulo es físico, auditivo, etc.) pueden hallar su reflejo gramatical en los verbos de percepción que las expresan. Además, hay que tener en cuenta que algunas percepciones estarán más lexicalizadas que otras en cada lengua, dependiendo de su frecuencia de aparición y de la importancia que culturalmente les conceda cada comunidad lingüística. Por ejemplo, en el ámbito de las lenguas románicas, es lógico que haya verbos que expresen la percepción «oír a alguien con mucha atención» (escuchar, escoltar, écouter...), mientras que es normal que no se haya lexicalizado ningún verbo para expresar un significado como «la sensación de andar descalzo por un terreno húmedo y arcilloso», sensación que sí puede ser de vital importancia en otras comunidades lingüísticas hasta el punto de originar un verbo específico para ella.


Añade García Miguel que si los principios de la gramática cognitiva[1] son ciertos, las estructuras lingüísticas que expresan cada percepción dependerán de la importancia cultural y de la complejidad cognitiva de cada una de las percepciones: a mayor importancia cultural y frecuencia de uso de cada percepción, mayor complejidad gramatical y potencial semántico tendrá el verbo que las exprese, y a la inversa: es muy probable que acalorarse tenga poca frecuencia de uso en Antártica



[1] La Gramática Cognitiva está basada en el uso del lenguaje y por tanto, no se aplica una taxonomía estricta en los enunciados lingüísticos que describe. Esto quiere decir que se evita una justificación morfosintáctica de formas que son independientes del significado (y que por tanto no permiten variación), sino que se toma en cuenta la intención comunicativa del hablante y se organizan sus principios alrededor de la construcción de significados a través de las formas.


[1] En [comunicación|comunicaciones]] y lingüística, contexto es el significado de un mensaje (como una oración), su relación a otras partes del mensaje (como un libro), el ambiente en el cual la comunicación ocurrió, y cualquier percepción que pueda ser asociada con la comunicación. El contexto es la agrupación de circunstancias específicas de lugar y tiempo, principalmente, en qué se está produciendo el acto de la comunicación.

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