ESPAÑOL AMERICANO








El Monumento a la Mexicanidad ubicado en Ciudad Juárez, es un símbolo de mestizaje y unión. Diseñado por el artista mexicano Enrique Carbajal, conocido como Sebastián, esta imponente estructura de acero de 64 metros de altura se inauguró en 2013. La famosa letra “X” roja, con su ventanal negro que simula un ojo, representa la unión de las culturas española e indígena, elementos fundamentales de la identidad mexicana. Este símbolo central no es casualidad. De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, (RAE, DPD), la aparente falta de correspondencia entre grafía y pronunciación se debe a que esta letra X que aparece en la forma escrita de este y otros topónimos americanos (Texas) conserva el valor que tenía en épocas antiguas del idioma, en las que representaba el fonema que hoy corresponde a la letra j. Este arcaísmo ortográfico se conservó en México y, por extensión, en el español de América.

Una letra que es considerada como signo de identidad del español  es la eñe (ñ), representa el fonema consonántico nasal palatal /ɲ/, que no existía en el latín clásico.  En el castellano medieval la ñ surgió como una abreviación del dígrafo nn, adoptada también por el gallego y el vasco. Más tarde, la primera Gramática Castellana publicada por Antonio de Nebrija en 1492, reconoce el estatus de la ñ y de su sonido diferenciado respecto de la letra n. En la Península Ibérica, el gallego y el asturiano usan esta letra cuyo sonido está presente en América Latina , en muchas lenguas indígenas como el mixteco, el zapoteco, el otomí, el quechua, el aymara, el mapuche y el guaraní. Así también lo constata La página del idioma español, en la publicación De dónde viene la eñe: “la grafía ñ está además presente en las lenguas filipinas, así como en el guaraní, quechua, mapuche y aimara, entre otras. Recogido en el español de Puerto Rico en indigenismos como ñapa. En EE. UU. (español estadounidense), la ñ se encuentra en términos de origen español como piña colada y El Niño”.

 Otra grafía de mucho arraigo americano es la ch,[1] cuyo uso se confirma y se reafirma en la publicación ¡Ah qué chida es la ch! de revista Algarabía Digital. Según se documenta, este sonido tiene sus raíces en el latín, pero se fortaleció en el español de México con palabras provenientes de lenguas indígenas, especialmente del náhuatl. De acuerdo con Concepción Company, el aislamiento fonético del sonido ch, es decir, su cualidad de no ser igual a ningún otro sonido del español permitió su popularización; pues, ¡qué sería de México sin sus nachos, sus chiles y sus mariachis! Asimismo, se han recogido en español nahuatlismos tales como chicle, chocolate, chayote. Se reclama que a la letra che le hicieron ¡chitón! ya que actualmente figura alfabetizada junto con la ce (c); constituyendo la che, según Verne[2], el dígrafo más chingón del alfabeto mexicano.

Desde el punto de ortográfico, se presentan diferencias en la formación del abecedario: las letras y en los nombres de las letras. Entre las letras consideradas dentro del español americano figura la rr (erre doble); de acuerdo con FundéuRAE, «la rr [letra] no ha sido incluida nunca en la lista de la Academia, aunque en América un buen número de gramáticos la añadieron en el siglo XIX tras la r, práctica que se ve aún en tratados del siglo XX». Tal vez en alusión a la reforma ortográfica propuesta por Andrés Bello y Juan García del Río (Indicaciones para simplificar y uniformar la ortografía americana,1823).

En cuanto al nombre de este dígrafo[3], el DPD, RAE indica: «El dígrafo rr se denomina erre doble o doble erre». Asimismo, en Hispanoamérica coexisten las dos formas: “erre doble” y “doble erre”; por lo que puede ser llamado de ambos modos.  Aunque se haya determinado que el nombre de la letra es “la erre”, todavía persiste entre algunos usuarios del español americano la oposición ere/erre (ere suave, y erre fuerte); según se comenta en Castellano Actual, blog de la Universidad de Piura, Perú:

 

Es posible escribir ere para referirnos al fonema consonántico vibrante simple (La palabra coro presenta la grafía ere); sin embargo, la Ortografía de la lengua española (2010) recomienda emplear el nombre erre para la letra en cuestión.


También, entre los calificativos que recibe la erre doble (rr), en el español caribeño o español del Caribe hispánico. se encuentra “erre arrastrá”, término referido a la articulación velar o uvular de la R (erre doble).

En relación con los nombres de las letras, en la publicación titulada Un solo nombre para cada letra (Español al día) la RAE aclara que algunas de las letras tienen varios nombres con tradición y vigencia en diferentes zonas del ámbito hispánico. Entre aquellas que cuentan con varias denominaciones figuran la be y la uve: ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que nuestros abuelos nos dejaron como si fueran dos y siempre sobra una? Se pregunta Gabriel García Márquez en el discurso Botella al mar para el Dios de las palabras, pronunciado en el Primer Congreso Internacional de Lengua Española, el 7 de abril de 1977, en Zacatecas, Mexico. Resulta que los hispanohablantes utilizan el nombre ve (con entrada en el DUE de María Moliner), que durante mucho tiempo fue la única denominación conocida para dicha letra desde 1611, lo que explica su arraigo en el español americano [con marcas lexicográficas en Cuba, Ecuador, Honduras, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay]; referido a la uve, suelen acompañarlo de los adjetivos  [ve] baja, corta, chica, chiquita o pequeña, para poder distinguir en la lengua oral el nombre de esta letra del de la letra b (be); aunque en ocasiones se pronuncia exactamente igual que la be alta, larga, grande y labial, ambas letras fueron distinguidas durante casi tres siglos (XVIII, XIX y principios del XX) en varias ediciones de la Ortografía y de la Gramática académicas. Además,  la diferencia en la pronunciación de las letras v se da tanto en zonas del español peninsular «de forma espontánea en hablantes valencianos o mallorquines y en los de algunas zonas del sur de Cataluña, cuando hablan castellano, por influencia de su lengua regional» (RAE, OLE), como también se da en algunos puntos de América por influencia de las lenguas amerindias (RAE) que se reflejan en algunas variedades del español americano. Cabe destacar que el empleo de dichos adjetivos forma parte de la oralidad, del lenguaje popular. Son parte de la comunicación cotidiana que le da vida a nuestra lengua.

En torno al nombre de la letra en el mundo hispanohablante, la RAE comenta que aunque se recomienda usar el nombre ye, también se acepta el nombre tradicional i griega. La página del idioma español en la publicación titulada La y griega todavía tiene esperanzas se señala que los españoles llegaron a América con la i griega (o ye) por delante. Asimismo, se apunta que, siguiendo el uso «antillano», siempre se ha dicho “i griega”. La contraparte sigue siendo la letra i, que recibe también la denominación de “i latina” para distinguirla de la denominación tradicional de “i griega”.

Según señala la RAE, la recomendación formulada (Un único nombre para cada letra del abecedario español) no implica interferencia alguna en la libertad que tiene cada hablante o cada país de seguir aplicando a las letras los términos que venían usando, algunos de ellos (como la i griega) con larga tradición de siglos. Dichos términos, en su mayoría, forman parte de la oralidad y de la tradición que enriquece el español americano. Desde el punto de vista panhispánico, la lengua ha mantenido su cohesión general y su particularidad específica.

 

 

 

 



[2] Se reclama que, dada la existencia de un “alfabeto hipotético”, puede proponerse la inclusión de un dígrafo rr.

[1] Dígrafo que desde 1803 hasta la publicación de la Ortografía académica de 2010 fue considerado una de las letras del abecedario español, con el nombre de che (pl. ches).


 

 









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