INTERJECCIONES


 

Es un término referido a una clase de palabras invariables, con cuyos elementos se forman enunciados exclamativos, que manifiestan impresiones, verbalizan sentimientos o realizan actos de habla apelativos. La palabra interjección como expresión del estado de ánimo, exclamación, proviene del latín interiectio. Compuesta por el prefijo inter (entre), el verbo iacere (lanzar, tirar), el sufijo ción (acción y efecto). Viene siendo una palabra independiente que se lanza o tira dentro de una oración.

A pesar de su aparente elementaridad, se ha argumentado (RAE, NGLE) que las interjecciones constituyen oraciones en sí mismas. Por su naturaleza gramatical, se clasifican ya sean propias (constituidas por una sola palabra) o impropias (constituidas por un grupo de palabras), como ¡Sanseacabó! o ¡San se acabó!  Desde el punto de vista de su significado (semántico), existen varias clasificaciones de interjecciones. Estas se agrupan en dos grandes clases:


·        apelativas (también llamadas directivas).  Se orientan hacia el oyente, es decir, se dirigen a un destinatario con la intención de moverlo a la acción o provocar alguna reacción emocional en él. Este grupo de interjecciones sirven para iniciar la comunicación, para establecer el contacto con el oyente antes de emitir el mensaje o para actuar sobre la voluntad del receptor, cumplen una función conativa o una función fática del lenguaje. La interjección ¡ea!: utilizada en parte de España (español peninsular) para llamar la atención. Equivale al ¡epa! de América Latina (español americano); ¡epria!  del español de Puerto Rico, cuya principal función es establecer contacto con el interlocutor: ¡ah! ¡aja!, ¡hey! ¡ey! [variante], ¡eh! [DLE], ¡ujú!, uhjú.[1]


                  Eh, ey[2]
                Yo sigo siendo el mismo, yo no he cambiao' (¡No!)
                Tengo lo mío sin tener que aparentar (Ey)
                Siempre ando con lo' mismo', arrebatao' (Ey, ey, ey, ey)


·       expresivas (también denominadas sintomáticas). Se orientan hacia el hablante, en el sentido de que manifiestan sus sensaciones, sentimientos y otros estados de ánimo. Este tipo de interjecciones pertenece a la función emotiva del lenguaje.

La interjección ¡hale!, ¡ale!, ¡hala!: utilizada en el español peninsular para infundir aliento, meter prisa, mostrar sorpresa, llamar; equivalente a ¡ora! y ¡órale! en el español americano (DAMER). Muchos de los usos de las interjecciones se recogen mediante la oralidad, mientras que otros forman parte de la escritura, tales como la interjección ¡Ay! [DLE], recogida en el famoso Soliloquio de Segismundo “¡Ay mísero de mí, y ay infelice!”. Además, puede expresar conmiseración, como el ¡Ay bendito!, utilizada en el español de Puerto Rico, abreviada como ¡Bendito! Y acortada (aféresis) como ¡Dito! [Tesoro.pr].

 No, no suelte la bandera ni olvide el lelolai[3]

    Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawai

    Lelolai, lelolai

    Ay, ay, ay, ay, ay, lelolai

Durante mucho tiempo, las interjecciones han sido consideradas como elementos secundarios o marginales en el estudio del lenguaje; sin embargo, su visión ha ido evolucionando desde el punto de vista sintáctico, semántico y pragmático. Nuevos enfoques están redefiniendo el papel que desempeñan y demostrando su importancia en la comunicación humana, las interjecciones forman parte de nuestro acervo cultural.[4]:



[4] Vėase: López Jiménez, I. E. (2024). ¡Ah! ¡Eh! ¡Oh! ¡Uh! Interjecciones. Relatos Alfabéticos. Las letras y su historia. 


[2] 25/8” es la décimo quinta canción del álbum de Bad Bunny, YHLQMDLG.

[1] Como parte de la oralidad, las interjecciones presentan variantes ortográficas.


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